En las regiones centrales del sol, la presión
es tan elevada que arranca los electrones que gravitan alrededor de
los núcleos de los átomos; como estos últimos son
mucho más pequeños que el átomo, resulta que a
pesar de la presión y la densidad, existe mucho vacío
entre estos núcleos, que de hecho se repelen los unos a los otros
porque chocan entre ellos debido a la elevadísima temperatura.
Por tanto los espacios vacíos entre estos núcleos de los
átomos que se agitan siguen siendo considerables, lo que explica
que la luz circule fácilmente por ellos; seguramente el interior
del sol es transparente. Cuanto más nos acercamos al centro del
astro, más fuerte es la presión, al igual que el calor.
Los núcleos de los átomos adquieren en esta región
una velocidad tal que chocan los unos con los otros. Liberándose
entonces una energía considerable, que en una gran parte se halla
bajo forma de luz. Por tanto, en los dos tercios internos del sol circula
una cantidad de luz fantástica, que nuestra imaginación
no puede concebir. Pero en el tercio externo del diámetro del
sol, la temperatura y la presión son tales que hay átomos
que se han podido volver a formar, con su cortejo de electrones. La
luz atraviesa menos esta capa que es evidentemente muy espesa.

Así el tercio externo del sol es opaco
a la luz que se ha formado en profundidad. Por tanto ésta queda
aprisionada. Sin embargo, la energía que intenta evadirse a través
de esta capa opaca se transforma en calor, y esto origina remolinos,
e incluso una verdadera ebullición; estas burbujas estallan en
la superficie del sol formando en esa zona lo que vemos en el telescopio
y que llamamos «granos de arroz». Estas burbujas explotan
unos diez minutos después de su llegada a la zona observable.
La explosión de estas burbujas y movimientos de convección
muy violentos, engendran ondas sonoras tan potentes que la presión
en la fase positiva de estas ondas sonoras es suficiente para generar
una temperatura que hace que los gases sean luminosos. Es esta luz,
creada por estos sonidos, luz que podríamos llamar de segunda
generación, la que nos llega del astro rey. Nuestro alumbrado
es brillante debido a la potencia de las vibraciones acústicas
en su superficie.
Estamos seguros de que se trata de ondas sonoras, pues se ha podido
seguir con el telescopio la propagación de algunas de estas bandas
de compresión, propagación que se realiza a la velocidad
del sonido en los gases a esta temperatura. Por este complicado proceso,
la luz de primera generación, en el centro del sol, necesita
centenares de millares de años para ser transformada en la luz
que recibimos, de segunda generación. Éstas son las concepciones
actuales de la Astronomía. Cuando una estrella se forma, por
la agregación de materia bajo la influencia de la gravedad, hasta
que su peso sea tal que engendre la presión necesaria para que
exploten los núcleos de los átomos de su centro, permanece
durante mucho tiempo aparentemente oscura, pues se necesitarán
millares de años o centenares de millares, algunos sostienen
que un millón, para que esta luz de primera generación
produzca la de segunda generación en superficie y para que sólo
entonces, un astro nuevo brille en el firmamento. Pero, a partir del
momento en que esta pila atómica interior se ha formado, un observador
podría percibir en la penumbra de los espacios celestes, una
extraña agitación en la superficie de este astro todavía
oscuro en comparación al estadio anterior.
Del conjunto de nuestras investigaciones anteriores se desprende que
podemos aplicar a la vida interior y, más particularmente a los
efectos de los entrenamientos espirituales, la meditación, el yoga, las leyes generales de la
física, tanto la de las vibraciones, como la de la mecánica
de fluidos y por consiguiente, de la astronomía. En todos los
tiempos ha habido seres humanos que afirmaban haber conseguido percibir
UNA LUZ INTERIOR DE UNA INTENSIDAD INDESCRIPTIBLE, presencia que sin
embargo era muy agradable de experimentar y de una gran belleza. Pero
muy a menudo esta luz sólo se tradujo al exterior por actos extraños,
a veces por una mezcla de rasgos geniales y actos demenciales o por
discusiones sobre el valor de sus palabras y de sus hechos que son,
a propósito de algunos de estos iluminados, milenarias. Sin embargo
ninguno de ellos analizó en detalle el mecanismo por el cual
se produjo esta iluminación, lo cual la hubiera hecho accesible
a otros. Ahora el estudio de una joven ciencia apasionante y admirable
la «magnetohidrodinámica» nos ha permitido acercamientos
analógicos con el método de iluminación llamado
«despertar de kundalini» en el yoga indotibetano, y los
efectos de este despertar que se describen en los textos clásicos
anteriores a la llegada de los Europeos.
Este acercamiento nos ha permitido poner de manifiesto
algunos principios que conducen a la construcción de aparatos
de complejidad creciente y que asociados a una meditación apropiada
permiten el VERDADERO DESPERTAR DE KUNDALINI EN UNOS DÍAS, CON
TODOS LOS EFECTOS DESCRITOS EN LOS TEXTOS SAGRADOS ORIENTALES, EFECTOS
TODOS BENEFICIOSOS aplicado a la meditación y el yoga, y por tanto sin elementos nefastos, ni los riesgos
vagos de «peligro», que han sido atribuidos a este ascenso
de kundalini por una literatura occidental precipitada y superficial.
La técnica que describiremos
en la presente obra no entraña absolutamente ningún peligro,
y es eficaz en unos días, aportando además beneficios
inmensos en muchos campos. Siguiendo las indicaciones aquí descritas,
cada cual podrá construirse una «máquina que despierta
kundalini», al menos en su versión más sencilla
en espera de que podamos construir en serie aparatos más perfeccionados.
Por tanto, el presente opúsculo, no sólo proporciona el
principio para la construcción de estos aparatos, sino que abre
una posibilidad infinita de investigaciones. Para las personas que desconocen
las tradiciones orientales acerca de kundalini, diremos que se trata
de una fuerza de la que se tiene plena conciencia cuando se manifiesta.
De hecho produce incluso diferentes estados de superconciencia, que
a veces llamamos muy acertadamente estados de «hipervigilia».
Dicha fuerza adopta fundamentalmente un ASPECTO DE TORBELLINO. Aparece
en la parte inferior del tronco, a uno o dos centímetros por
encima del periné, ascendiendo luego.

En algunas descripciones, esta ascensión se hace en hélice
alrededor del eje vertical del cuerpo pasando por el centro de gravedad,
en un sujeto en posición de pie. Tomamos fácilmente conciencia
de la línea virtual que es esta vertical. Según otras descripciones,
asciende por el interior de la columna vertebral siguiendo sus sinuosidades.
Esta última descripción es particularmente extraña
pues de ordinario no percibimos este órgano, y si es así,
muy ligeramente en las articulaciones, en algunos movimientos algo forzados
y en la piel, por las apófisis espinosas de las vértebras,
que sobresalen un poco. Por mucho que nos «concentremos» en
estas sensaciones, no sentiremos más nuestra columna. Pero, para
un determinado aspecto del ascenso de kundalini que hemos podido reproducir
en las experiencias que vamos a describir, percibimos «algo extraordinario»,
una fuerza que parece sobrenatural, a todo lo largo del interior de la
columna vertebral. Es lo que se produce en algunas de las experiencias
que vamos a explicar a pesar de no buscarlo. Por tanto estamos con toda
seguridad en presencia del «verdadero» kundalini.
El ascenso de kundalini se describe como poniendo en movimiento los chacras,
es decir, los órganos principales del primero de los cuerpos sutiles
(llamado cuerpo etérico). Este movimiento es una rotación,
un torbellino. Por tanto, son localizaciones particulares de esta fuerza
de kundalini, verdadero torbellino del espíritu. Hemos dicho que
esta fuerza se eleva con un movimiento helicoidal. Debemos retenerlo bien,
es muy importante para nuestras experiencias y nuestras explicaciones
sobre los efectos que produce cuando alcanza la cabeza: sobreviene un
estado de iluminación interior, purificación de los pensamientos
y de los sentimientos, y simultáneamente poderes mentales, tales
como la posibilidad de ver en un mundo espiritual almas de difuntos, o
las auras de personas vivas, así como percibir en el porvenir algunos
acontecimientos que empiezan a gestarse. En fin, es lo que entendemos
por un «iniciado». Consideramos que hemos precisado suficientemente
el mecanismo de despertar de kundalini, para que todos aquellos que lo
deseen puedan en unos días poseer un cierto grado de esta «iniciación».
|